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domingo, 24 de julio de 2011

Angela

Mi nombre es Angela, tengo 20 años y en una tarde de enero de hace 9 años abrí el periódico y lo encontré. Él era todavía un niño, total melancolía, callado, taciturno. Una mente brillante. Rápidamente quedé fascinada por la historia que allí contaban del pequeño genio. Creo que así fue como empecé a adorarlo. Desde entonces guardo aquél recorte de periódico y todas las siguientes noticias que salieron de él.
Él aún aparecía en Internet y algunas propagandas, así que fue fácil seguir sabiendo esporádicamente de él. No lo conocía en persona, pero era grande mi sueño por llegar a conocerlo de verdad.
Pasó el tiempo, y a pesar que podía sentirme atraída por otros chicos también, él se mantenía firme en mi corazón iluminando mis días más oscuros; mi mente empezaba a desvariar con una vida a su lado. Ilusiones de apenas una adolescente.
A finales de diciembre del 2007, tras una serie de incidentes, él accedió a darme su correo. Mi corazón empezaba a brincar de emoción (era como una niñita). Pero yo sólo usé el medio para fines estrictamente académicos. Comencé a notar que él era muy amable y sencillo, siempre dispuesto por ayudar a los demás. Su trato cortés y generoso me empezaba a cautivar.
Sin embargo, en febrero del 2009 todo cambiaría. Entre casualidad y deseo tropecé con su blog (sí, escribe en un blog) y todo cobró sentido: Aquél cariño ingenuo e iluso que para entonces sentía adquirió argumentos, una razón de ser. Ya no adoraba sólo la mente brillante y genial por el cual había quedado encandilada en un principio, ahora también amaba el corazón puro y noble que empezaba a conocer. Empecé a enamorarme de pronto de su forma de escribir, de pensar, de sentir, de ser. Pero más aún: Admiré el amor que profesaba a aquella chica a quien todos los días no se cansaba de cantarle ese amor. Él estaba enamorado de una chica, pero yo empezaba a enamorarme de él.
No me importó cuántas chicas lo habían querido antes ni a cuántas quiso él. Sabía que mis sentimientos prevalecerían a pesar de las circunstancias. Sabía que sería capaz de amarlo incluso en el día que se case o tenga sus hijitos. No lo dudé más.
Al mes siguiente le escribí un correo anónimo haciéndole ver cada uno de mis sentimientos, haciéndole notar que lo seguía, que leía su blog. Nunca respondió. Pero eso no me importó en lo absoluto. Yo continué con mis correos, que siempre se llevaban consigo todo mi corazón y sinceridad, sin el mínimo temor de qué perder o equivocarme. Y fue entonces que uno de ellos, el que escribí en su cumpleaños, el que terminó por conmoverlo. Él respondió y lo hizo de una forma tal que todo el mes entero no quité la sonrisa de mi rostro. Los ojos me brillaban nada más pensarlo.
Yo continué escribiéndole, él a veces contestaba, pero la mayoría no. Hasta le llegué a dedicar todo un blog en la que le hablaba de mis sentimientos para con él, de lo que hacía yo, de mis intereses, de mi forma de ser, en fin, de mí. Y yo siempre mostrándome así, entregada, ofreciendo todo mi cariño y sinceridad, toda yo.
Pero hasta hace poco. Hace poco empezamos a conversar por el messenger. Y en una de esas conversaciones me reveló que no hacía mucho que había empezado a salir con alguien, alguien que no era la misma chica del blog, pero a quien le había cogido mucho cariño. Me tomó por sorpresa. Quise llorar, pero ni una lágrima alcanzó a salir. Tenía tantos sentimientos encontrados. Me alegraba de que tuviese a alguien, es cierto, pero, ¿qué haría yo después con todo este amor que sentía por él? ¿Sólo guardármelo y ya? Lo amaba, y todavía lo quiero demasiado como para dejarlo ir sin que sepa jamás cuánto es lo que tengo por darle. Y otra vez, no me importó, y sin dudarlo, preparé aquél sobre en la que metí el poemario que le había dedicado, la carta que contenía toda mi sinceridad, el CD de canciones que tanto le gustaban, y otras cosas más. Fui hasta su casa y simplemente lo dejé (no a él, claro).
Hemos estado hablando últimamente y en cada conversación, en cada foto en que le veo, en cada cosa nueva que escribe en su blog, veo al hombre que es mi complemento. Sé que a él le molesta ligeramente el hecho de estar tan segura sin que lo conozca personalmente, ya que él es “distinto en persona, muy diferente a como se muestra en el blog o en cualquier sitio en que me hayas encontrado”, pero no puedo evitar adorarlo con tanta ternura.
Sé que nunca me diste motivos para mantener viva esta ilusión, que siempre fui yo a la que sola se le aceleraba el corazón ante el más mínimo interés o gesto cortés de tu parte. Fui yo quien confundió amabilidad con insinuación y terminó por emocionarse demasiado pronto hasta terminar por invitarte a salir. Comprendo ahora que te gustan las cosas así como están, y prefieres que mantenga mi distancia, que no necesitas de mi ayuda. Comprendo (o trato) y es ahora cuando pretendo acabar con todo esto. Quiero cerrar la página para comenzar de nuevo, y sin ti.
Acepto que todavía pienso en ti a diario y a cada rato (y eso que ni nos conocemos en persona), que soñé con tenerte a mi lado y que con todo luchar por este amor rayaría en la terquedad y la insensatez, pero quiero que sepas que aún me quedo yo con aquellos recuerdos que aún conservo en aquella caja, me quedo con todas las sonrisas y las risas que alguna vez logré sacar de ti, me quedo con toda la alegría y las distintos ritmos con que mi corazón empezó a latir por ti. Seamos amigos ahora, amigos como creo que lo hemos sido siempre, amigos franqueados por la distancia y acercados por Internet, pero sólo amigos, al fin.
Es hora de resetear el corazón y empezar desde cero.

Mi historia de amor

Me llamo Angel, tengo 20 años y estudio Psicologia. Mi historia es la siguiente.
"Hace ya algunos años -en concreto cuatro- en una mañana nublada, acompañado por mis padres en unas vacaciones de navidad, observé como los amigos de mis padres entraban en la casa acompañados por sus respectivas mujeres y niños. Una vez crucé la puerta, observé a una chica preciosa, morena, de estatura pequeña pero que iluminaba esa mañana nublada. Poco a poco fue calando en mi corazón, era tan linda, tan adorable, tan cariñosa… que no sabía cómo decirle que la necesitaba, que me gustaba hasta tal punto de llorar por ella, de sentirme impotente cuando comenzó a salir con un chico, me quería morir hasta que encontré el consuelo en otra persona.
Pasaron dos años y me enteré que lo habían dejado y yo estaba libre, así que me arme de valor y decidí llamarla. Quedamos esa noche. Iba preciosa, de blanco, con unos vaqueros y si os soy sincero no me salía palabra de la boca. Hablamos y le solté todo lo que sentía, y sin más dilación, cogió y me beso. Fue el momento más bonito de mi vida, estaba llorando y besando a la chica por la que tanto había sufrido.
Empezamos a salir y al principio todo estaba estupendo, reíamos, hacíamos el tonto vistiéndonos yo con sus pantalones y ella con los míos… Lo típico. Hasta que un día sin más no sé qué me entro por el cuerpo, que le dije que no estaba seguro de lo nuestro… La dejé sin más y al poco tiempo volvimos y la volví a dejar.
Supongo que era la edad, la inmadurez, fui el hombre más capullo de la tierra, ya que ella me dio todo y yo no supe corresponderlo. Pero lo más jodido es saber que nada tiene color sin ella y cuando recuerdo esos momentos mágicos me desmorono contra la pared.
Hoy por hoy he hecho mil cosas para convencerla y pedirle perdón, le he tocado el saxo en su casa, le he mandado rosas, le he dejado mensajes por la calle, pero parece que ella ya se olvidó de mi. Así que recuerden agarren con fuerza todo lo que deseen y nunca dejen escaparlo, luchen por ello y aunque no esté con ella, ella está conmigo y seguirá luchando y rezando para que la hagan feliz".

martes, 12 de julio de 2011

Carta de Angela

"Navegando por internet me encontré esta pagina y me propuse escribiros una carta porque necesitaba confesarme con alguien y que mejor forma que esta". Me llamo Angela y tengo 18 años, a veces pienso que no llegaré a mi proximo cumpleaños,pero os prometo que lo intentare.
Soy anorexica si, no es algo por lo que se pueda ser feliz pero llega un momento que esta enfermedad va acabando poco a poco contigo y un dia ningun amanecer vuelve a tu corazón.
Era una chica normal y corriente,tenia mi novio y mis estudios pero de la noche a la mañana, un verano, descubrí en la playa que para mi edad y viendo a otras chicas me sobraban unos kilillos.
Me metí en varias dietas pero ninguna me daba lo que yo buscaba, el poder adelgazar unos kilos ese verano,deseaba sentirme bien conmigo misma y que mi novio no se fijara en otras chicas. Cuando me quise dar cuenta la comida ya no me entraba y aunque al principio lo pase bastante mal con hambre el poder descubrir que estaba perdiendo esos kilos de mas me alegro y esos dolores de estomago se convirtieron en un placer.
El verano se acabo y los kilos fueron bajando poco a poco,me pesaba y me sentia cada dia con mas ganas de vivir pero un dia me di cuenta de que estaba enferma aunque me costo mucho reconocerlo.
Perdí a mi novio, tuve que dejar los estudios por mi enfermedad, descubri lo que eran los hospitales, machaque a mi familia, y ahora se que este sueño de un verano no me sirvió para nada, esos cuerpos delgados que yo tanto envidiaba ya no son parte de mi sueño, ahora se que poco a poco esta mierda de enfermedad me ira matando. Vivimos en una "puta sociedad" donde lo que impera es el exterior y no nos damos cuenta que ese exterior poco a poco va muriendo con los años y lo unico que nos queda son nuestros valores, nuestro interior.
La anorexia te mata el exterior pero te aniquila el interior y hace que seamos unos muertos vivientes en espera de que en un sueño no volvamos a conocer el amanecer.
Ahora estoy muy cansada, estoy sin ganas, os prometo que si el cielo me regala un poco mas de tiempo os volvere a escribir.
Os quiero, muchos besos.
Angela.

No mueras por no comer

Cada vez son muchas mas las personas que se encuentran involucrados en esta enfermedad,"ANOREXIA". La mayoría de pacientes reafirman que no es una enfermedad, para ellas mismas es una forma delgada de vivir o morir y siguen la anorexia como algo natural.
Todo tiene rumbo desde una simple dieta, la publicidad, los anuncios de ropa, foto de modelo con vestimentas extremadamente diminutas para que quede en una persona común y corriente. El rechazo social, la falta de afecta y la baja autoestima engloban a gran parte de los factores que inducen esta enfermedad en la que todas buscan como punto de salida y meta principal “adelgazar” de una manera compulsiva y dañina.
El querer ser una persona “delgada” no es una prohibición a los gustos e intereses personales, el método que empleemos para conseguirlo y el exagerar el peso ideal lo es.
Tanto hombres como mujeres son los llamados a caer en este vicio mortal. Si bien se menciona la mujer es la que con mayor frecuencia busca la manera de mantener su figura por vanidad el sexo masculino no es discriminado en esta enfermedad. La anorexia no solo provoca una perdida excesiva de peso, además conlleva a una serie de disfunciones en el organismo, la cefaleas, la debilidad, los mareos , las constantes pesadillas que viven estas personas con la ingesta de comidas se torna sofocante para su animo y frecuentemente se mostraran deprimidas o de mal humor.
El cuadro triste en el que vive una persona anoréxica es lamentable, la juventud de hoy cada mas esta al pendiente en el que “dirán los demás” que se olvidan de su propia felicidad y la necesidad constante de adaptarse a la sociedad las lleva a trata de conseguir un espacio dentro del grupo de esta.
Los padres son los llamados a prestar mas atención a los hijos, a sus necesidades de afecto al cuidado y cuidado sin sobreprotección de ellos. Cada joven anoréxico (a) es resultado del vacío que llevan dentro sin expresarlo, tan solo con la autoflagelación de sus cuerpos.
Seguir una buena nutrición y practicar rutinas de ejercicios diarios puede ser la clave guía para evitar el sobrepeso y recaer en los posibles factores o el rechazo que conlleve a los jóvenes y adultos padecer esta enfermedad. Consultar con un nutricionista puede ayudarnos mucho en los resultados a obtener, y salir al aire libre nos liberara de las preocupaciones con un clima calido

sábado, 14 de mayo de 2011

Los monos y los dos viajeros

Dos hombres, uno quién siempre decía la verdad y el otro quién decía solamente mentiras, viajaban juntos y por casualidad vinieron a la tierra de los monos.
Uno de los monos, que había llegado a ser el rey, mandó que ellos fueran agarrados y traídos ante él, para saber que opinaban los hombres de él. Él pidió al mismo tiempo que arreglaran a todos los monos en una fila larga a su derecha y a su izquierda, y que colocaran un trono para él, como era la costumbre entre hombres. Después de estas preparaciones él dio aviso de que los dos hombres deberían ser traídos ya ante él, y los saludó con esta frase:
-¿Qué clase de rey les parezco ser, oh forasteros?
El Viajero Mentiroso contestó,
-Usted me parece el rey más poderoso que he conocido. - contestó.
-¿Y cuál es su estimación de aquellos que usted ve alrededor mío?
-Éstos,- respondió, -son compañeros dignos de usted, y sirven para ser embajadores y líderes de ejércitos.-
El mono rey y todo su tribunal, satisfecho con la mentira, mandaron que un hermoso presente fuera dado al adulador.
Entonces el viajero verídico pensó para sí,
-Si una recompensa tan grande fue dada para una mentira, ¿con que regalo no puedo ser recompensado, si, según mi costumbre, digo la verdad?-
El mono rey rápidamente le preguntó:
-Y a usted, ¿cómo le parecemos yo y mis amigos que están alrededor mío?
-Tú me pareces,- dijo él, -simplemente un mono, y todos estos tus compañeros, después de ti, son monos igualmente.
El rey de los monos, enfurecido al oír esas verdades, lo entregó a los dientes y las garras de sus compañeros.

"A quien le gusta ser adulado, aborrece la verdad. Busca y acepta siempre la verdad de las cosas, aunque a veces no sean de tu agrado".



El perro y el cocinero

Preparó un hombre una cena en honor de uno de sus amigos y de sus familiares. Y su perro invitó también a otro perro amigo.
-Ven a cenar a casa conmigo - le dijo.
Y llegó el perro invitado lleno de alegría. Se detuvo a contemplar el gran festín, diciéndose a sí mismo:
- ¡ Que suerte tan inesperada ! Tendré comida para hartarme y no pasaré hambre por varios días.
Estando en estos pensamientos, meneaba el rabo como gran viejo amigo de confianza. Pero al verlo el cocinero moviéndose alegremente de allá para acá, lo cogió de las patas y sin pensarlo más, lo arrojó por la ventana. El perro se volvió lanzando grandes alaridos, y encontrándose en el camino con otros perros, estos le preguntaron:
- ¿ Cuánto has comido en la fiesta, amigo ?
- De tanto beber, - contestó - tanto me he emborrachado, que ya ni siquiera sé por donde he salido.

"No te confíes de la generosidad que otros prodigan con lo que no les pertenece".



miércoles, 11 de mayo de 2011

El cazador y el pescador

Regresaba un cazador con sus perros y su producto, cuando topó con un pescador que también regresaba de su pesca, ambos con sus cestas llenas.
Deseó el cazador tener los peces, y el dueño de los peces, las carnes. Pronto convinieron en intercambiarse las cestas. Los dos quedaron tan complacidos de su trato que durante mucho tiempo lo siguieron haciendo día a día.
Finalmente un vecino les aconsejó:
-Si siguen así, llegará el momento en por tan frecuente intercambio, arruinarán el placer de ello, y cada uno deseará quedarse solamente con lo que obtuvo.

"Varía y alterna tus actividades para disfrutar mejor".



El labrador y la serpiente

Una serpiente se acercó arrastrándose adonde estaba el hijo de un labrador, y lo mató.
Sintió el labrador un dolor terrible y, cogiendo un hacha, se puso al acecho junto al nido de la serpiente, dispuesto a matarla tan pronto como saliera.
Asomó la serpiente la cabeza y el labrador abatió su hacha, pero falló el golpe, partiendo en dos a la vecina piedra.
Temiendo después la venganza de la serpiente, dispúsose a reconciliarse con ella; más ésta repuso:
-Ni yo puedo alimentar hacia tí buenos sentimientos viendo el hachazo de la piedra, ni tú hacia mí contemplando la tumba de tu hijo.

"No es tarea fácil deshacer grandes odios".



martes, 10 de mayo de 2011

El león y el ratón

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reir y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oir los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.
-Días atrás- le dijo-, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

"Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán".

viernes, 6 de mayo de 2011

La Luna y el Sol

Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se enamoraron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.
Sucede que el mundo aun no existía y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final... ¡El brillo!
Quedó decidido también que el Sol iluminaría el día y que la Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.
Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, la Luna fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose Solitaria.
EL Sol a su vez, había ganado un título de nobleza "Astro Rey", pero eso tampoco le hizo feliz.
Dios, viendo esto, les llamó y les explicó:
- No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio. Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el día, proporcionaras calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.
La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente... y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejar abatirse más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.
Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a Dios:
- Señor, ayuda a la Luna por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad...
Y Dios...en su inmensa bondad... creo entonces las estrellas para hacer compañía a la Luna.
La Luna siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.
Hoy, ambos viven así... separados, el Sol finge que es feliz, y la Luna no consigue disimular su tristeza.
El Sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de su añoranza. Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió.... porque es mujer, y una mujer tiene fases.
Cuando es feliz, consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es menguante y cuando es menguante ni siquiera es posible apreciar su brillo.
Luna y Sol siguieron su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.
Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuera posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del Sol... Fue entonces que Él creó el eclipse.
Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante, esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta que sucedan.
Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el Sol cubre la Luna, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse.
Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.

jueves, 5 de mayo de 2011

¿Quien mató al Amor?

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el Odio que es el rey de los malos sentimientos los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos ellos. Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos mas perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cual era el propósito.
Cuando estuvieron todos reunidos habló el Odio y dijo:
-"Los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien".
Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio el que estaba hablando y el siempre queria matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre si, quién seria tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos.
-¡¡Quiero que maten al Amor!!, dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno le tenia ganas.
El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: "Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto, provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará".
Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar la historia del Mal Carácter quedaron muy decepcionados. "Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia el Amor la superaba y salía adelante".
Fue cuando muy insultante se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder dijo: "En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviare la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder, eso nunca lo ignorara".
Y empezó la Ambición el ataque hacia su victima, quién efectivamente cayó herida, pero después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo el Amor.
Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas, situaciones para despistar al Amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas.
Pero el Amor confundido lloró, y pensó que no quería morir y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.
Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus mas hirientes compañeros, envió a la Frialdad, al Egoísmo, a la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.
El Odio convencido de que el Amor era invencible les dijo a los demás: "Nada que hacer. El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos".
De pronto, de un rincón del salón de reuniones se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte: "Yo mataré al Amor" dijo con seguridad. Todos se preguntaron quién era ese que pretendía hacer solo lo que ninguno había podido.
El Odio dijo "ve y hazlo".
Tan solo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después de mucho esperar que por fin EL AMOR HABIA MUERTO.
Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro hablo: "Ahí les entrego al Amor, totalmente muerto y destrozado" y sin decir más se marchó.
-¡¡Espera!! dijo el Odio, en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperastes y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quien eres?.
El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo:
-¡¡¡SOY LA RUTINA!!!.

martes, 3 de mayo de 2011

Mi gran recuerdo

Hoy me dan recuerdos tuyos, y siento como si el destino quisiera burlarse de mi.
Recuerdos llegan, cuando yo me empeño en olvidar. Cuando mis ojos cansados de mirar sin ver, creyeron que el horizonte se alejaba a su mirada y, cuando mi corazón dolido no sabe ya llorar porque, ha gastado sus lágrimas.
Estoy triste. No es tan fácil dejar de querer porque, es muy dulce el cariño y es muy largo el olvido.
Triste porque el sentimiento no puede comprender que, tiene que dormirse en una cama fría lejos del calor que le alentaba.
Triste porque con tus recuerdos han vuelto tus ojos a mi, haciendo estremecer mi alma que, se aleja a un rincón para contarle al aire que aún te ama.
¡¡Como me gustaría verte!!, volver a estar en tus brazos y sentirte intensamente, aunque solo fuera por un momento o en un sueño.
Me duele el pecho de congoja y desaliento. Me duele el alma asustada al recibir recuerdos de mi gran recuerdo.

Encontrarte

Esta mañana desperté para encontrarte… tu voz vino a entibiar mis sábanas, dejando una rosa de mi lado.
Esta mañana desperté para encontrarte… confundiéndome entre la luz de tu “Buenos Días” y lo azul de tus sueños, me invitaste a compartir la sensación incomparable que da el sonido de tus zapatos al escucharlos entrar.
Esta mañana desperté para encontrarte… y como niño manso reposaste aquí, mientras yo admiraba todo el sol en tus mejillas; como un manto de hadas eran tus brazos rodeándome y ya no importaba que el mundo afuera se estaba derrumbando, yo aquí contigo estaba a salvo de todo, lejos de cualquier mal.
Esta mañana desperté para encontrarte… y empeñaría mi vida entera por un momento de verte sonreír así, hasta mi alma vendo a cambio de todos los sueños que necesites y no busques las razones, no hace falta entender por qué de pronto es fácil lo que fue tan duro ayer…
Esta mañana desperté para encontrarte… y ya no importa si fue un sueño o eras tan real como mis errores, pero ya nada puede sacarme tus caricias suaves, que tuvieron el coraje de regalarme el sol escondido detrás de las nubes negras de tu alma.
Y entre la magia de verte llegar y el dolor que imponen tus castigos… todo queda claro… Yo nací para encontrarte…

miércoles, 27 de abril de 2011

Las arrugas

Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que su abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes.
- Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas.
El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara.
- ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas
- Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.
A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...
Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:
- ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?
Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo:
- Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque.... ¡te quiero!

La espada pacifista

Había una vez una espada preciosa. Pertenecía a un gran rey, y desde siempre había estado en palacio, partipando en sus entrenamientos y exhibiciones, enormemente orgullosa. Hasta que un día, una gran discusión entre su majestad y el rey del país vecino, terminó con ambos reinos declarándose la guerra.
La espada estaba emocionada con su primera participación en una batalla de verdad. Demostraría a todos lo valiente y especial que era, y ganaría una gran fama. Así estuvo imaginándose vencedora de muchos combates mientras iban de camino al frente. Pero cuando llegaron, ya había habido una primera batalla, y la espada pudo ver el resultado de la guerra. Aquello no tenía nada que ver con lo que había imaginado: nada de caballeros limpios, elegantes y triunfadores con sus armas relucientes; allí sólo había armas rotas y melladas, y muchísima gente sufriendo hambre y sed; casi no había comida y todo estaba lleno de suciedad envuelta en el olor más repugnante; muchos estaban medio muertos y tirados por el suelo y todos sangraban por múltiples heridas...
Entonces la espada se dio cuenta de que no le gustaban las guerras ni las batallas. Ella prefería estar en paz y dedicarse a participar en torneos y concursos. Así que durante aquella noche previa a la gran batalla final, la espada buscó la forma de impedirla. Finalmente, empezó a vibrar. Al principio emitía un pequeño zumbido, pero el sonido fue creciendo, hasta convertirse en un molesto sonido metálico. Las espadas y armaduras del resto de soldados preguntaron a la espada del rey qué estaba haciendo, y ésta les dijo:
- "No quiero que haya batalla mañana, no me gusta la guerra".
- "A ninguno nos gusta, pero ¿qué podemos hacer?".
- "Vibrad como yo lo hago. Si hacemos suficiente ruido nadie podrá dormir".
Entonces las armas empezaron a vibrar, y el ruido fue creciendo hasta hacerse ensordecedor, y se hizo tan grande que llegó hasta el campamento de los enemigos, cuyas armas, hartas también de la guerra, se unieron a la gran protesta.
A la mañana siguiente, cuando debía comenzar la batalla, ningún soldado estaba preparado. Nadie había conseguido dormir ni un poquito, ni siquiera los reyes y los generales, así que todos pasaron el día entero durmiendo. Cuando comenzaron a despertar al atardecer, decidieron dejar la batalla para el día siguiente.
Pero las armas, lideradas por la espada del rey, volvieron a pasar la noche entonando su canto de paz, y nuevamente ningún soldado pudo descansar, teniendo que aplazar de nuevo la batalla, y lo mismo se repitió durante los siguientes siete días. Al atardecer del séptimo día, los reyes de los dos bandos se reunieron para ver qué podían hacer en aquella situación.
Ambos estaban muy enfadados por su anterior discusión, pero al poco de estar juntos, comenzaron a comentar las noches sin sueño que habían tenido, la extrañeza de sus soldados, el desconcierto del día y la noche y las divertidas situaciones que había creado, y poco después ambos reían amistosamente con todas aquellas historietas.
Afortunadamente, olvidaron sus antiguas disputas y pusieron fin a la guerra, volviendo cada uno a su país con la alegría de no haber tenido que luchar y de haber recuperado un amigo. Y de cuando en cuando los reyes se reunían para comentar sus aventuras como reyes, comprendiendo que eran muchas más las cosas que los unían que las que los separaban.

Hada

Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por la hada del lago.
Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirla. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.
La hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje.
El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado la hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".
Gracias a su leal Sombra pudo la hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...
La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden al lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.

Gerardo y Maria Isabel

Esta es una historia que pasará inadvertida, una historia de tantas en que el amor llegó tarde, pero con las mismas esperanzas e ilusiones para quienes ya no lo esperan. Una historia de amor de la tercera edad, porque ellos también tienen derecho a amar, igual que nosotros, algún día podríamos volver a sentirnos con derecho a volver a amar. Nunca es tarde, porque el corazón no tiene edad.
Ella, María Isabel Sánchez, viuda, setenta años, dos hijos y cinco nietos, ama de casa. El, Gerardo Bonard, viudo también, ochenta años, jubilado, una hija, un nieto, y un poco poeta. Dos seres solitarios, para quienes la vida ya no tenía mucho que ofrecerles; solo les quedaba el cariño de sus hijos, de sus nietos y un baúl lleno de recuerdos en su armario. Dos personas de la tercera edad que no tenían tanta importancia para el mundo, solo para sus nostalgias del ayer, para esa juventud que se fue y que únicamente les quedaba recordarlas.
Todos los días iban a la misma plaza, y se sentaban en un doble banco, ella de un lado y él del otro; desde hacía mucho tiempo seguían esa rutina; él todo un caballero cuando llegaba, se sacaba su gorra, la saludaba cortésmente inclinando un poco su cabeza y se sentaba a leer su libro o el periódico. Ella llegaba siempre a la misma hora, a las cuatro de la tarde con su perrito Tintin, contestaba al saludo de su compañero de banco y se sentaba a darle de comer a las palomitas y a respirar el aire puro, el aroma de las flores. Así transcurría la hora, sin hablarse, sin mirarse; luego al caer la tarde ella regresaba, se volvían a saludar gestualmente, sin saber cada uno su nombre y despedían otro atardecer de sus vidas.
Hasta que una tarde, la rutina cambió, María Isabel llegó al parque y tropezó sin querer con un brusco movimiento que hizo el perrito; don Gerardo se levantó para ayudarla y así iniciaron una conversación. Se presentaron, comenzaron a hablar de sus familias, hablaban del tiempo, del presente, del pasado que no compartieron, del futuro que les quedaba por vivir. Su amistad se fue estrechando, la cita en el parque se iba volviendo casi necesaria para cada uno, allí en ese parque, encontraron un motivo para no estar solos, para sentir un afecto que ninguno de los dos se daba cuenta iba naciendo.
Cierta vez Don Gerardo galantemente ofreció una rosa para María diciéndole “una rosa para una dama, que rápidamente se marchitará ante su belleza”; - ¡Ay Don Gerardo, usted sí es loco! – las mejillas de la dama eran como brasas encendidas. –“ Le ruego que me vea más como un poeta que como un loco” – respondió, evocando la frase de un antiguo poeta.
Se sentaban juntos a darle de comer a las palomas, una intimidad estaba creciendo a paso lento entre los dos ancianos, con el correr de las tardes, cuando se despedían había cierta melancolía en sus ojos, deseando encontrarse nuevamente. Caminaban por el parque en compañía del perrito; algunas veces el casi poeta le recitaba poesías de Bécquer.
No se hizo esperar mucho tiempo la propuesta de Don Gerardo, cuando una tarde fría que presagiaba el venidero otoño. – Querida mía, cuánto tiempo llevamos paseando por este parque, mi memoria no me ayuda mucho, presiento conocerla de toda la vida, es usted la mujer más hermosa que he conocido, y después de mi difunta esposa no había vuelto a sentir algo como lo que siente mi corazón.
- Don Gerardo , es usted tan caballero, tan galante, realmente aprecio sus palabras, no creo ser merecedora de tanto aprecio.
Tomando su mano el anciano la besó delicadamente, - Es usted merecedora y mucho más, por eso quisiera preguntarle si no es una ofensa para usted. María, mi bella dama, ¿quisiera ser mi esposa?
Ella sintió latir su corazón muy aprisa, ¡cuánto hacía que no escuchaba unas palabras de amor!, ¡cuánto hacía que ya había olvidado las ilusiones de un sentimiento, la caricia de una mano sobre la suya, un beso dulce y delicado! Una tristeza la invadió, todo eso parecía un sueño, pero la realidad de sus vidas la devolvió al presente; eran dos “jóvenes” de la tercera edad, que habían encontrado una vieja ilusión al costado del camino de un parque centenario casi como ellos.
- Don Gerardo, le agradezco, pero no podría, ya estamos muy viejos, ¿qué dirían nuestros hijos, nuestros nietos? Se reirían de nosotros, o les parecería una locura. No, Don Gerardo, es imposible poder soñar con una relación a estas alturas. Nos encontramos demasiado tarde.
- Querida mía, adorada mía, nunca diga eso; además piense por otro lado. Sus hijos, sus nietos tienen su vida hecha; acaso ellos van a consultarle a Usted cuando toman alguna decisión, cuando quieren casarse por ejemplo? Sí, tal vez tenga razón, ya estamos viejos, y por lo mismo, significamos muy poco ahora en la vida de nuestros hijos, poco a poco nos irán dejando de lado, y algún día seremos una molestia, llegará la hora en que decidirán ponernos en un asilo; pero aún a Usted y a mí nos queda un camino, corto o largo no lo sé, que podríamos terminarlo de recorrerlo juntos. No me dé su respuesta ahora. Piénselo. Yo la esperaré, lo que sea necesario.
- Perdóneme – los ojos de María se nublaron de tristeza, se levantó y se fue caminando rapidito sin girar su rostro para que no la viera llorar – El anciano quedó sumido en una profunda melancolía.
Así pasaron varios días, Don Gerardo iba al parque todas las tardes, con la esperanza de encontrar a su María que no había regresado más. Se sintió tan solo y lamentaba que esa amistad se hubiera quebrado por su propuesta, quizá no debió hablarle de su deseo de compartir su vida con ella. Ahora quizá ella no volvería a hablarle. Se preguntó si no había cometido una estupidez.
Todo el otoño pasó, todo el invierno, el parque quedó solitario, cubierto de escarcha, de nieve, sin el canto de sus pájaros, sin el aroma de sus flores, todo se fue cubriendo de blancas ausencias, que duraría hasta que volviera otra primavera…
Los primeros brotes comenzaron a nacer, los árboles brotaron nuevamente de hojas verdes, en el parque renacía otra vez la floreciente primavera. Los niños llegaban con sus bicicletas, con sus patinetes, las parejas de enamorados a revivir el amor, había llegado la estación del amor, de la alegría, esa estación que nunca desea morir en el corazón de los que aman.
Y con ella volvió el dueño del mismo banco, que quedó desamparado, que seguía esperándolo, Don Gerardo, el anciano con corazón de poeta, que aún esperaba… ese día al llegar, la vio desde lejos, allí como si nunca se hubiese ido, estaba su antigua compañera; como si la hubiera visto el día de ayer, allí estaba sentada en el banco, ese banco gris, que les pertenecía, debajo del frondoso árbol, jugando con el travieso Tintin y dándole también miguitas a las palomitas; entonces su corazón volvió a la vida, volvió a latir, porque allí estaba la dueña de su corazón. Cuando llegó María le extendió su mano que él besó suavemente; no hubo necesidad de decirse nada, en una mirada se lo dijeron todo; en los ojos de su compañera leyó la respuesta que tanto había soñado. Más tarde se alejaron de allí tomados de la mano, por un sendero que bordeaba el lago, por un camino que los llevaría unidos un resto de vida o una eternidad…


martes, 26 de abril de 2011

El diario de un perro

Una historia triste que se repite constantemente,esperando que con este video os toque el corazon,y recapaciteis antes de echar a un perro a la calle,igualmente si puedes ser su salvador dales cobijo y amor porque siempre tendras su gran Amor y el jamas te abandonara.

El tiempo

Érase una vez una pequeña isla, donde vivían todos los sentimientos: La Alegría, la Tristeza, la Vanidad. la Sabiduría, el Amor y otros.
Un día avisaron a los moradores de esta isla, que ésta iba a ser inundada. Muy asustado el Amor, se preocupó para que todos los sentimientos se salvasen. El avisaba a todos: "¡¡¡Huyan...la isla va a
ser inundada...huyan!!!".
Todos corrieron y se embarcaron en lanchas para ir, hasta una montaña muy alta. Sólo el Amor no lo hizo, él quería estar un poco más en la isla.
Cuando el agua se acercaba cada vez más, él corrió a pedir ayuda.
Vio pasar a la Riqueza y le dijo: "¿Riqueza ¡¡me llevas contigo!!?: y la riqueza le dijo: "No puedo, mi lancha esta llena de oro y plata y tú no vas a caber".
Pasó entonces la Vanidad y el Amor le pidió:
"¿Vanidad ¡¡me llevas contigo!!?" ; y la vanidad le dijo. "No puedo, porque vas a ensuciar mi lancha nueva".
Pasó entonces la Tristeza, y le dijo: "¿Tristeza ¡¡puedo ir contigo!!?"; y la tristeza le dijo:"Oh amor, estoy tan triste que prefiero ir solita".
Luego pasó la Alegría, mas la alegría estaba tan alegre que no vio al Amor.
Ya desesperado al saber que moriría ahogado; el Amor comenzó a llorar. Pasó entonces un barquito y le dijeron: "¡¡Sube Amor, yo te llevo!!". Y el Amor subió.
Estando ya en la parte alta de la montaña, el Amor le preguntó a la Sabiduría: "¿Sabiduría, ¡¡Quién era el del barquito que me trajo hasta aquí!!?
Y la Sabiduría le dijo: El Tiempo.
El Amor le replicó: ¿¡El tiempo!?; pero ¿¡¡por qué sólo el Tiempo me quiso traer!!?.
Y la Sabiduría le contestó: "¡¡¡Porque sólo EL TIEMPO es capaz de ayudar a entender a un GRAN AMOR!!!".

Hijo de Dios

Un profesor de seminario estaba de vacaciones con su esposa en Gatlinburg, Tennessee. Una mañana estaban desayunando en un pequeño restaurante esperando gozar de una comida tranquila y familiar. Mientras que esperaban su comida, vieron a un hombre de semblante distinguido, de cabello blanco, que iba de mesa en mesa visitando a los clientes.
El profesor se inclinó hacia su esposa y le susurró, “Espero que se nos venga para acá.”
Pero el hombre de cabello blanco sí fue para su mesa.

— ¿De dónde vienen, señores?, preguntó con voz amistosa.
—Oklahoma, ellos respondieron.
—Bueno tenerlos aquí en Tennessee, dijo el extraño, ¿en qué trabaja?
—Enseño en un seminario, replicó.
—Oh, así que Usted le enseña a los predicadores cómo predicar, ¿no es verdad? Bien, tengo una historia verdaderamente buena para Ustedes.
Y con eso, el caballero acercó una silla y se sentó a la mesa con la pareja. El profesor refunfuñó y pensó para sí mismo, "Fenomenal. Justo lo que necesitaba ... ¡otra historia de predicador!"

El hombre empezó:
— ¿Ven esa montaña allá? (Señaló a la ventana del restaurante). No distante de la base de esa montaña había nacido un muchacho de una madre soltera. Tuvo dificultades en su crecimiento porque a cada lugar que iba siempre le hacían la misma pregunta, “Hola muchacho, ¿Quién es su papá?” Si estaba en la escuela, en la tienda de comestibles o en la droguería, la gente le hacía la misma pregunta, “¿Quién es tu papá?”
Se escondía de los otros estudiantes en el recreo y a la hora del almuerzo. Evitaba ir a las tiendas porque esa pregunta le hería muy fuerte.
Cuando se acercó a los doce años de edad un nuevo predicador llegó a su iglesia,pero él se escondia de la gente y salia rapido para que no le vieran.
Un día el nuevo predicador dio la bendición tan rápido que el joven quedó atrapado y tuvo que salir con la multitud. Casi al tiempo que llegaba a la puerta trasera el nuevo predicador, sin saber nada acerca de él, puso su mano en su hombro y le preguntó, “Hijo, ¿quién es tu papa?”
¡Toda la iglesia hizo un silencio de muerte! Él podía sentir cada uno de los ojos en la iglesia que lo miraba. Ahora todos finalmente sabrían la respuesta a la pregunta, “¿Quién es su papá?”,este nuevo predicador, no obstante, sintió la situación alrededor suyo y usando el discernimiento que sólo el Espíritu Santo puede dar, dijo lo siguiente a ese muchachito asustado:
—"¡Espera un momento! ¡Sé quién eres! Veo la semejanza familiar ahora. Eres un hijo de Dios." Con eso le dio unas palmaditas en su hombro y dijo: “Muchacho, has tenido una gran herencia. Ve y reclámala.”
—Con eso el muchacho sonrió por primera vez en largo tiempo y salió por la puerta de la iglesia como una persona cambiada. No era de nuevo el mismo. Siempre que alguno le preguntara, “¿Quién es su papá?”, solamente le respondería, “Soy un Hijo de Dios.‘‘

El caballero distinguido se levantó de la mesa y dijo,
—¿No es una gran historia?
El profesor respondió que realmente ¡era una gran historia!
En cuanto el hombre se levantó para salir, dijo,
—Saben, si ese nuevo predicador no me hubiera dicho que yo era uno de los hijos de Dios, ¡probablemente nunca habría llegado a ser alguien! Y se alejó.

El profesor del seminario y su esposa estaban atónitos. Él llamó a la camarera y le preguntó,
— ¿Sabe quién era ese hombre, el que justo salió que estaba sentado a nuestra mesa?'
La camarera sonrió de oreja a oreja y dijo:
—Por supuesto. Todos aquí lo conocen. Es Ben Hooper. ¡Es el anterior gobernador de Tennessee!.